viernes, 4 de enero de 2013

Caza

Las Cifas:

Cada año en España los cazadores acaban con la vida de alrededor de 60.000 ciervos, 120.000 jabalís y otros 30.000 animales más de las especies gamo, muflón, corzo, rebeco, arruí, cabra montés y lobo. También acaban con la vida de un millón de liebres, cuatro millones de conejos y 140.000 zorros.

Las aves tampoco se libran de los disparos de los cazadores. Cada año acaban con la vida de tres millones de perdices, un millón de codornices y cinco millones más de otras aves entre las que se encuentran faisanes, palomas, ánades y patos . Sin embargo estas cifras resultan muy conservadoras. Otras fuentes estiman en 30 millones los animales asesinados anualmente en cotos de caza públicos y privados.

 


La Realidad:

Cazar no es otra cosa que asesinar

Cazar no es otra cosa que disparar a un animal con intención de asesinarle. La palabra asesinar es definida en el Diccionario de la Lengua como: “ Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc”. Ésa es la definición exacta de lo que realiza todo cazador. Sin embargo, en las retóricas palabras del cazador, es necesario asesinar a animales inocentes, ya que“si de verdad quieres integrarte en esa Naturaleza, la única manera de conseguirlo es cazando. Hasta cuando tiras de navaja y te llenas las manos de sangre para eviscerar y desollar una res, si se da el caso. Entonces vuelves al origen de la especie y eres un poco Cromagnon, un poco águila, un poco lince, un poco lobo” .

Sin embargo, para los animales que caen, muertos o heridos, por las balas y perdigones de los 980.000 cazadores que hay en España , su vida es tan importante como para nosotros la nuestra. No existe prueba alguna de que la única manera real de “ integrarse en la naturaleza” haya de ser a base de matar a animales. A base de matar a madres e hijos; a grupos, o incluso poblaciones enteras de animales. Existen maneras de disfrutar en un entorno natural sin necesidad de acabar con la vida de los que habitan en él.


Los animales son aterrorizados y exterminados por los cazadores. Animales que lo único que quieren es vivir sus vidas sin ser molestados. El cazador, sin embargo, tiene sus propios “motivos” para aterrorizar y asesinar a animales, porque al parecer “ quien no ha sentido la arrogancia del jabalí defendiendo su vida a dos metros, avisando que sus armas también son milenarias se conforma con la asepsia de la imagen con voz en off entre dos cortes de anuncios” . Los cazadores intentan puerilmente poner las cosas en términos de blancos y negros: o se asesina a animales, o nos convertimos en “asépticos” habitantes de un mundo artificial.

Cazar no es respetar la naturaleza ni a los animales

En la demagogia propia del cazador, se afirma que la caza tiene para muchos cazadores un alto grado de sentimiento, de emoción y de valoración vital, esa llamada que les lleva a buscar el campo, el monte, la naturaleza, en el sentido amplio del término, como parte fundamental de su existencia” . Por mucho sentimiento y emoción que produzca a un cazador asesinar a tiros a un animal, el acto sigue siendo moralmente injustificable. Cuando además, al acto de apretar el gatillo, le rodea una poderosa y multimillonaria industria que sólo en Europa produce anualmente 10 billones de euros de beneficios, el acto se convierte en una aberración moral.

Lo más desasosegador de todo este vacío discurso lírico del cazador es el comprobar cómo intenta transmitirlo a la siguiente generación. Cómo, una vez que se autoproclama “ depredador” (ya que previamente los cazadores acabaron con casi todos los grandes predadores, y muchos pequeños predadores), intenta inculcar esta errónea concepción a su descendencia: si además llevamos compañía (un hijo, por ejemplo), estaremos deseando que llegue ese día [el de la caza] e iremos pensando cómo le enseñaremos a vencer a las piezas, esa ilusión de transmitirle el verdadero sentido de la caza, de hacer comprender a ese hijo nuestro (que aunque no lleve escopeta ya es un cazador) que la caza es un arte noble, en donde hay que respetar al animal que se caza, y hay que darle las suficientes ventajas de defensa, y cazarlo en su terreno, venciéndolo a base de pensar como él, hacer ejercicio y sudar la pieza, y darla una muerte noble, y que en caso de que ella nos toree nos habrá vencido y se merecerá sobrevivir para transmitir su genética a su descendencia” .


¿Cómo se va a poder “ respetar” a quien se asesina injusta e innecesariamente?, ¿Qué “ arte noble” es aquél que se basa en romper familias de animales, exterminar poblaciones y aterrorizar a los habitantes de los hábitats naturales?, ¿Quién se puede creer en su legítimo derecho de decidir qué animales “ merecen sobrevivir” y cuáles no? Desde luego, no aquellos que arma en mano siembran el terror, el sufrimiento y la muerte a millones de animales en todo el mundo.

Tenemos la obligación moral de educar a las siguientes generaciones en el verdadero respeto hacia los animales, y hacia los hábitats en los que viven. Se lo debemos a los animales. A todos ellos. Y esto pasa por aprender a ver a los demás animales como nuestros compañeros de planeta. Un deber desatendido desde hace demasiado tiempo.

Fuentes: