miércoles, 19 de junio de 2013

Porqué la Vivisección No es Válida

El ácido acetilsalicí­lico provoca defectos de nacimiento en ratas, ratones, perros o cobayas, y la muerte en gatos, pero no en humanos. En cambio, el opreno usado como tratamiento contra la artritis mató a 61 pacientes y causó más de 3.500 casos de reacciones adversas graves, aunque habí­a sido testado en monos y otros animales, que no mostraron problemas.
 
Hoy en dí­a, el uso de animales en el ámbito de la investigación se ha extendido a los más variados ámbitos, de un modo sólo comprensible atendiendo a los considerables intereses económicos implicados en él. Diariamente se encierra, envenena o abrasa en vivo a millones de animales con fines militares, para probar productos cosméticos o de limpieza y con muchí­simas otras finalidades. Los defensores de la vivisección olvidan habitualmente todo esto, centrando su atención en la investigación biomédica. Pero pronto comprobamos que tampoco en este campo esta metodologí­a va a resultar aceptable, por motivos ya no sólo morales, sino simplemente cientí­ficos.
 
Hay toda una larga serie de diferencias fisiológicas y bioquí­micas entre distintos animales, producto de los diferentes procesos evolutivos que cada variedad ha experimentado, que hacen imposible extrapolar a los seres humanos los resultados de la experimentación en otros animales. Así­, los casos de muertes e intoxicaciones por fármacos testados con éxito en animales se suceden. En realidad, la única razón para que aquélla continúe son los grandes intereses económicos implicados para sus defensores, que han invertido cantidades millonarias en engañar al público, haciéndole creer equivocadamente en la necesidad del uso de animales. Mientras, los métodos de investigación auténticamente cientí­ficos son dejados de lado, y cientos de millones de animales con plena capacidad de sentir se ven obligados a padecer un indecible sufrimiento y muerte.

Consecuencias humanas de la experimentación con animales

í‰stos no son más que unos pocos ejemplos de productos que, tras ser probados en miles de animales, fueron considerados aptos y seguros para uso humano:
  • Talidomida: Calmante recetado a mujeres embarazadas, que produjo más de 12.000 casos de graves malformaciones en sus hijos.
  • Opreno: Tratamiento contra la artritis. Mató a 61 pacientes y causó más de 3.500 casos de reacciones adversas graves, aunque habí­a sido testado en monos y otros animales, que no mostraron problemas.
  • Teroptren: Utilizado para tratar la leucemia en niños, los cuales murieron más rápidamente que si no hubiesen sido tratados. Esto no pudo ser previsto por los resultados de los experimentos realizados en 18.000 ratones.
  • Clioquinol: Antidiarreico. Causó 30.000 casos de parálisis sólo en Japón y miles de muertes y casos de ceguera en todo el mundo. Ni las ratas, perros, gatos o conejos utilizados en los tests previos, ni todos los animales utilizados en tests posteriores revelaron la neurotoxicidad del producto.
  • Suproterenol: Las cantidades administradas a pacientes asmáticos fueron inadecuadas debido a la consideración de los tests en animales como válidos, produciendo la muerte a 3.500 personas sólo en Gran Bretaña.
  • Eraldin, Flenac, Manoplax, Dietilestilbostrol, Zomax, Ibufenac, Enbrel, Fialuridina... y un sinfí­n de medicamentos más ha sido retirado tras causar graves enfermedades y muerte.

Diferentes respuestas entre distintos animales

  • Aspirina: Provoca defectos de nacimiento en ratas, ratones, perros o cobayas, y la muerte en gatos, pero no en humanos.
  • Penicilina: Mata a las cobayas, no tiene efecto en conejos (la expulsan eficientemente en la orina), pero es un antibiótico muy útil para nosotros.
  • Arsénico: Es dañino para las personas, pero actúa de forma distinta en ratas, ratones y ovejas (que pueden consumir grandes cantidades)
  • Morfina: Sedante para las personas, pero causa excitación en gatos, ratones, cabras y caballos.
  • Digitalina: Medicina de indiscutible valor en el tratamiento de enfermedades cardí­acas, cuyo uso oficial fue retrasado muchos años por ser considerada perjudicial, ya que en perros aumenta la presión sanguí­nea.
  • Metamizol: Anestésico para personas. Causa excitación


    y salivación excesiva en gatos.
  • Cloranfenicol: En el ser humano causó un tipo de anemia de efectos mortales. No daña a perros, pero mata a gatos. Las vacas lo toleran, pero no así­ los caballos.
  • Estreptomicina: Un antibiótico muy común, que en ratas es teratogénico.
  • Puedes matar a un gato con limón, y con almendras a zorros y gallinas.

 

Otros factores que alteran los resultados de los experimentos con animales

La reacción metabólica ante una enfermedad es muy distinta si ésta, en lugar de ser contraí­da por el estilo de vida, alimentación, predisposición genética... lo es por inducción forzada, como ocurre en los laboratorios. Muchas enfermedades "estudiadas" en animales ni siquiera son jamás desarrolladas por ellos, como el SIDA, la artritis, la esclerosis múltiple o la arteriosclerosis: son "imitadas" causándoles dolencias semejantes (como espasmos por electroshock para imitar la epilepsia), obteniendo respuestas evidentemente distintas a las nuestras. Algunas enfermedades (coronarias, cáncer), resultado del seguimiento de determinados estilos de vida durante décadas, se intentan reproducir en animales en sólo semanas o meses.
 
El confinamiento en laboratorios distorsiona la respuesta natural de los animales: El estrés sufrido por los animales enjaulados tiene una gran influencia en el desarrollo de enfermedades, favoreciendo el desarrollo de tumores, alterando el ritmo cardí­aco, respiratorio, etc. El ejercicio fí­sico que se les permite es mí­nimo, debido a lo reducido de sus jaulas, lo que puede dificultar la expulsión de sustancias tóxicas, el correcto desarrollo corporal...
 
Una enorme cantidad de efectos secundarios producidos por medicamentos pasan desapercibidos en los animales, que no nos pueden comunicar un dolor de estómago, malestar general, jaqueca, nausea, visión borrosa, zumbidos en los oí­dos, etc.

Algunos de los avances conseguidos sin utilizar animales

  • Procedimientos quirúrgicos: Extracción del apéndice, piedras renales, ovarios cancerosos, reparación de aneurismas cardí­acos, etc.
  • Antibióticos
  • Anestésicos y analgésicos: Introducción del cloroformo, éter y muchos otros
  • Distintos medicamentos: La introducción de las primeras medicinas efectivas contra la leucemia infantil, como el importante anticancerí­geno metrotexato, el cromoglicato de sodio (tratamiento contra el asma), medicamentos de nitrito (para la angina de pecho), quinina (para la malaria), y muchas otras.
En contraste, la introducción de las transfusiones de sangre y de los transplantes de córnea sufrieron un retraso de 200 y 90 años respectivamente, debido a confusiones creadas por experimentos con animales.
 
La relación entre el tabaco y el cáncer y las causas de las enfermedades cardí­acas, mostradas por estudios epidemiológicos, tardaron décadas en ser aceptadas por no poder comprobarse con animales.

Por qué continúa la vivisección

Los experimentos con animales son inservibles pero de realización sencilla y rápida, y más baratos a corto plazo, que la maquinaria, infraestructura, programas... necesarios para una investigación verdaderamente cientí­fica, aunque a medio plazo, ésta serí­a menos costosa al eliminar el gasto constante en animales. Con lo cual:
 
Cuando las compañí­as farmacéuticas son llevadas a juicio por causar muertes y graves daños a pacientes que consumieron sus fármacos, éstas, para evitar compensarles económicamente, alegan haberlos probado en animales. De esta manera, se ahorran la introducción de métodos más serios y costosos.

En el ámbito académico y cientí­fico, donde el prestigio se relaciona con el número de publicaciones, con animales se pueden hacer infinidad de experimentos, conseguir rápidos resultados y publicarlos, aunque su relevancia sea nula, obteniendo más subvenciones.
La crí­a y venta de animales de laboratorio, así­ como las jaulas, métodos de sujeción y otras “herramientas” es un negocio multimillonario, dominado muchas veces por las propias industrias farmacéuticas.
 
Ante lo caótico de los resultados obtenidos con animales, pueden ser utilizados por compañí­as con intereses económicos para pretender demostrar los resultados que a ellas les son convenientes. Por ejemplo, si la industria azucarera quiere librarse de la competencia de la sacarina, afirmará que ésta es cancerí­gena testándola en ratas macho, que desarrollarán cáncer de vejiga. Los vendedores de sacarina, para probar lo contrario, utilizarán ratas hembra, para las cuales es inocua.

Métodos de investigación realmente cientí­ficos

  • Cultivos celulares y de tejidos: Disponibles desde hace décadas, permiten realizar, entre otras, distintas pruebas de toxicidad.
  • Modelos por ordenador: Hoy en dí­a existen avanzados métodos tecnológicos, como programas que prevén el efecto que un medicamento tendrá a partir de la estructura de una molécula humana, y la del producto a probar, además de otros datos.
  • Técnicas fisico-quí­micas: Sistemas no biológicos como la espectometrí­a de masas, de gran utilidad para distintos análisis de datos.
  • Observación clí­nica: El análisis de la evolución de los enfermos es quizás uno de los mejores modos de aprendizaje sobre una enfermedad.
  • Epidemiologí­a: La observación de la incidencia de una enfermedad en diferentes grupos o poblaciones ha ayudado a descubrir la relación entre diversas actividades, dietas, productos... y ciertas enfermedades.
  • Autopsias: Un método no suficientemente valorado, aunque mucha de la información que aportan no se puede obtener de otros modos.
Vigilancia tras el lanzamiento de un medicamento: Podrí­a parecer que la necesidad de tal estudio es obvia: En realidad, ésta no se está llevando a cabo con el rigor necesario, debido a la polí­tica de las compañí­as farmacéuticas y a la equivocada confianza en los experimentos en animales que éstas promueven.
 
Oscar Horta