viernes, 27 de noviembre de 2015

La Granja “Feliz” es un Gran Campo de Concentración

¿Queremos saber lo que sucede ahí dentro? ¿O preferimos creer en la vaca que ríe? 


Con la industrialización de la ganadería, la competitividad ha impulsado la búsqueda de la máxima eficiencia, velocidad y ahorro, como en cualquier otro sector. 

Todo está controlado y, en la medida de lo posible, mecanizado: desde la reproducción hasta el degollamiento. Y los espacios, evidentemente, son siempre los mínimos. El cerdo, una criatura tan inteligente y afectuosa como el perro, no entiende nada de todo esto, pero sí entiende los resultados: el aburrimiento, el estrés y el terrible olor que provoca el hacinamiento al que se le somete, día y noche, en un recinto cerrado. Este hacinamiento es el motivo de que corten la cola a los cerdos recién nacidos, pues de lo contrario se las morderían los unos a los otros. Por la misma razón, queman el pico a las gallinas.


También tendrían un grave problema de relaciones públicas, el día que los animales adquirieran milagrosamente el habla, los laboratorios experimentales de medio mundo, en los que se estudia el comportamiento animal o se prueba la toxicidad de friegaplatos, medicamentos y otros productos. Quizá lograrían estos laboratorios justificar ciertos experimentos, como la infección de cobayas con el virus del sida para encontrar una nueva medicina que salvara vidas humanas. Pero les iba a costar más trabajo explicar al público otros procedimientos, como la aplicación, en el ojo de un conejo, de un spray diseñado para mantener verde el árbol de Navidad.

Pero los animales no hablan. ¿O sí?

Eduardo Jáuregui es coautor de "Juicio a los humanos" (RBA Integral).

Aviso: Imágenes Gráficas Matadero. 

video

Vive Vegano